Suplementos deportivos: cuáles pueden servir y cuándo representan un gasto innecesario

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La oferta de proteínas, creatina, vitaminas y otros productos crece, pero no todos tienen beneficios comprobados. Especialistas advierten que antes de gastar en suplementos es fundamental evaluar las necesidades individuales y priorizar el entrenamiento, la alimentación y el descanso.

Los suplementos deportivos ganaron protagonismo en gimnasios, tiendas especializadas y redes sociales. Desde proteínas y aminoácidos hasta creatina, vitaminas y bebidas preentrenamiento, la variedad de productos promete mejorar el rendimiento, aumentar la masa muscular y acelerar la recuperación.

Sin embargo, no todos los suplementos tienen la misma evidencia científica ni ofrecen resultados para todas las personas. Algunos pueden ser útiles en situaciones específicas, mientras que otros aportan beneficios limitados o resultan innecesarios cuando la alimentación ya cubre los requerimientos nutricionales.

El especialista en nutrición deportiva y antropometría Francis Holway explicó que es importante distinguir entre los productos destinados a corregir una carencia y las ayudas ergogénicas, como la creatina y la cafeína, que se utilizan para intentar mejorar determinados aspectos del rendimiento.

En el caso de las deficiencias nutricionales, recomendó no recurrir a suplementos sin una evaluación previa. Los análisis clínicos y la valoración nutricional permiten determinar si realmente existe una necesidad.

La ANMAT también señala que los suplementos dietarios están destinados a complementar la alimentación de personas sanas y no deben utilizarse como medicamentos para tratar enfermedades.

La creatina, entre los suplementos más estudiados

Entre los productos disponibles, la creatina se destaca por contar con evidencia científica sobre sus efectos en actividades que requieren esfuerzos intensos y repetidos, como levantar pesas, saltar o realizar ejercicios de alta intensidad.

Esta sustancia se produce naturalmente en el organismo y también se obtiene mediante alimentos de origen animal. Su función está relacionada con la regeneración rápida de energía en los músculos.

Los estudios indican que puede contribuir a mejorar la fuerza, la potencia y la capacidad para realizar esfuerzos musculares máximos. La forma más investigada es el monohidrato de creatina.

Una pauta habitual en adultos sanos es de 3 a 5 gramos diarios, aunque la conveniencia de consumirla debe evaluarse según los objetivos y las características de cada persona. El protocolo de carga, que utiliza dosis mayores durante varios días, no es indispensable para obtener sus efectos.

La investigación también analiza sus posibles beneficios en adultos mayores y en algunas funciones cognitivas, aunque los resultados no son concluyentes para todos los aspectos estudiados.

Entrenar, comer y descansar sigue siendo la prioridad

Antes de incorporar suplementos, los especialistas recomiendan revisar los hábitos alimentarios, la planificación del entrenamiento y la calidad del descanso.

Comprar varios productos no garantiza mejores resultados. La utilidad de cada suplemento depende de la actividad física, los objetivos personales y las necesidades nutricionales. Por eso, una evaluación profesional puede ayudar a evitar gastos innecesarios y consumos sin beneficios claros.

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